Volver a correr

 La historia de Martín Sharples

Martín Sharples nació en Capital Federal.Trabajó muchos años en el Ferrocarril, pero fue despedido por defender a los trabajadores y luego convocado para trabajar por la Defensoría de la Ciudad, en el área de deporte y discapacidad, hasta que se jubiló. Pero, más allá de su trayectoria laboral, lo que define a Martín es su incansable lucha y pasión, especialmente por el deporte. Un accidente que casi le quita todo, no logró frenar su determinación. Hoy, con una sonrisa que refleja su coraje, nos cuenta una historia que va más allá de las carreras: una historia de superación, de reconstrucción, de esperanza.

Desde su infancia, el deporte fue su refugio y su motor. A los 12 años empezó a jugar rugby, también algo de fútbol y a correr. Al principio, sólo como parte de su entrenamiento, porque sabía que correr es la base de cualquier disciplina deportiva. No se veía como un competidor, simplemente le gustaba sentirse bien, desafiarse a sí mismo, ser mejor cada día.

Pero todo cambió a los 26 años, cuando un accidente en moto alteró su vida para siempre. Los médicos le dijeron que nunca más podría correr. Pero Martín, con la misma fuerza que lo hizo empezar a correr, no aceptó ese destino. En su mente se grabó la imagen de un veterano de Vietnam que había visto de niño en un programa de televisión: "El deporte y el hombre",(1) un atleta corriendo con una prótesis. Esa imagen, esa chispa de esperanza, se quedó en su alma. Y cuando despertó en el hospital, tras perder una pierna, su primer pensamiento fue claro: "volver a correr".

                           Foto: Antonio Becerra (2)

Los médicos decían que su mente no podía estar tan decidida, que el dolor emocional de perder una parte de su cuerpo era tan grande que necesitaría más que fuerza para superar eso. Pero Martín les respondió con firmeza: "voy a volver a correr". Y, aunque los psicólogos le explicaron que perder un miembro es como perder un hijo, él nunca dejó de luchar. La mente de Martín es inquebrantable, y así consiguió el alta médica.

Conseguir la prótesis adecuada fue una odisea que duró casi un año, entre rehabilitación y trámites interminables con la obra social. Pero cuando finalmente la tuvo, comenzó la verdadera batalla: conseguir una prótesis deportiva de alto rendimiento, algo casi imposible en ese momento. Martín nunca pensó en rendirse. 

¿Por qué corre?

Porque cuando corre, "no hay diferencias sociales, ni etiquetas, ni límites. Todos somos iguales, compartimos el esfuerzo, la superación y el sacrificio". Correr le da bienestar, salud y alegría. Es su forma de reconectar con el deporte, de sentir esa pertenencia que le da entrenar, compartir, mejorar juntos. Pero más allá de todo, correr le devuelve la libertad.

Martín siempre recuerda una anécdota que lo marcó profundamente: en una de sus carreras vio a un guía corriendo junto a un atleta ciego. Sin que se dieran cuenta, se acercó a ellos, y esa escena lo inspiró más de lo que podía imaginar. "Fue una sensación muy fuerte", dice. "Y el destino quiso que con el tiempo, yo también estuviera ‘del otro lado’".

La carrera que más lo conmovió fue “La Carrera de Miguel (3). Pero no la de Buenos Aires, sino la de Roma. En el año 2000, el periodista italiano Valerio Piccioni organizó la primera edición en honor a Miguel Sánchez, un atleta argentino desaparecido durante la dictadura. Martín corrió esa carrera en el Estadio Olímpico de Roma, rodeado por 15.000 corredores, en una experiencia profundamente simbólica y emotiva.

Sin embargo, la vida de Martín no estuvo exenta de desafíos. Un infarto lo obligó a hacer una pausa forzada. El 4 de agosto de 2024, durante una carrera de 15 km, sintió un dolor agudo en el pecho. "Pensé que era por no haber entrado bien en calor y porque sabía que no había premiación, por estar yo solo con la silla… estaba enojado, quería dar lo mejor de mí” , “quizá tan solo era un dolor muscular", recuerda, pero el dolor no desapareció. A pesar de que los médicos de Emerteam (4) le preguntaron si estaba bien, Martín siguió corriendo, hasta que la situación se volvió insostenible. Lo llevaron al hospital Fernández, donde le diagnosticaron un infarto. El miedo y la incertidumbre invadieron su mente, pero su corazón, ese mismo corazón entrenado por años de esfuerzo y superación, se mantenía firme. Le colocaron dos stents, y los médicos le dijeron que, gracias a su corazón resistente, había evitado un infarto masivo.




"Me dijeron que podía seguir haciendo deporte", dice Martín, con una sonrisa serena. "Eso fue lo mejor que me podían haber dicho, porque el deporte es lo que me mantiene vivo, lo que me da fuerza".

La Maratón de Buenos Aires fue otro de sus desafíos más grandes. En el año 2000, decidió correr los 42 km con la imagen de Miguel Sánchez en su pecho, para pedir que su carrera también se hiciera en Argentina. Tardó 5 horas y 39 minutos en cruzar la meta, una marca que para él fue mucho más que un tiempo: fue un triunfo personal. Ese fue el único maratón completo que corrió con la prótesis, y aunque no lo clasificaron por solo nueve minutos, para él, fue una victoria rotunda.

Para Martín, correr es un deporte democrático. No importa la condición económica, las barreras sociales, o las limitaciones físicas. Todos tienen la oportunidad de cruzar la meta, porque lo más importante no es la distancia, ni el premio, sino el esfuerzo, la dedicación y el coraje que uno pone en cada paso.

Sin embargo, no todo en el atletismo es perfecto. Martín lamenta que con los años, el deporte se haya vuelto más comercial y menos humano. Aun así, sigue corriendo, porque para él, el verdadero valor de correr no está en los premios ni en la fama, sino en el desafío personal y la capacidad de superarse cada día.


¿Se siente inspirador?

Martín sonríe al pensar en ello. "A veces me lo dicen, cuando me ven correr con la prótesis. Algunos se acercan y me cuentan que los motivo. Y si eso sirve para que alguien más se anime, entonces sí, me hace feliz."

Por mi parte, siempre lo veo entrenando en el Rosedal de Palermo con mucha garra, la misma pasión que demuestra cuando va a las competencias. Tuve la suerte de presenciar su podio en varias carreras y es admirable verlo y escuchar sus palabras.

El mensaje final que quiere transmitir es que si algo aprendió en este camino, es que el 80% de cualquier desafío está en la cabeza. “Si tenes el objetivo claro y la determinación firme, lo vas a lograr. A veces cuesta, y a veces no sale a la primera. Pero todo empieza en la mente. Y si tu mente está dispuesta, tu cuerpo la sigue”.



(1) https://www.infobae.com/deportes/2025/08/09/de-su-poco-conocido-comienzo-como-actor-a-la-inolvidable-conduccion-de-un-programa-emblematico-las-memorias-de-pancho-ibanez/

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