Correr con el corazón

«La crianza de un niño con autismo es un maratón, no una carrera. La resistencia, la paciencia y la esperanza son clave para el éxito a largo plazo.»1 



La historia de Camilo

Camilo Burgos Schneider es un niño deportista de 11 años, nacido en Chile, apasionado por el atletismo. A los 4 años fue diagnosticado con autismo, y con el tiempo encontró en el deporte la felicidad, siempre acompañado por familia. Su historia demuestra que nada es imposible, que el autismo y el deporte pueden convivir y superar cualquier desafío.

De su infancia recuerda que, de pequeño, no miraba fijamente a los ojos, ni tenía amistades con otros niños, ya que no se comunicaba de la forma en que sus padres esperaban, ni de acuerdo con lo que se considera "normal” en relaciones infantiles. 

Su autismo era en un 51%, no verbal hasta los 4 años. Además, tenía un bajo desarrollo muscular y se caía con frecuencia. Por esta razón, su pediatra recomendó practicar algún deporte, pero a Camilo nada le gustaba. Todo cambió cuando lo invitaron a mirar una Media Maratón y quiso inscribirse, corriendo con su madre. Fue entonces cuando se abrió un camino inesperado para su familia, lleno de sorpresas y de un constante desafío a los paradigmas sociales.

Los primeros años fueron muy difíciles para su familia, ya que desconocían por completo el autismo. La situación casi destruyó el matrimonio de sus padres, quienes al no entender  las estereotipias (movimientos repetitivos, involuntarios y sin propósito que se presentan en las personas con autismo) y ecolalias (repetición involuntaria de una palabra o frase), pensaban que eran por ser “regalón” y que pasarían con el tiempo.  Ambos se culpaban mutuamente; hasta que encontraron el apoyo de una institución llamada Chilotea, en la isla de Chiloé, donde viven. Allí, Camilo comenzó con terapias de fonoaudiología, terapia ocupacional y neurología. Con todo lo inexacto que parecía el destino, el deporte demostró que cualquier niño con discapacidad puede transformar aquello imposible en posible, siempre con el apoyo de los padres y terapeutas. Si le dices que “él puede”, que todos podemos, es más fácil lograr el cometido, aunque parezca difícil, nosotros lo hacemos “DIFACIL”.

En octubre de 2022, Camilo decidió correr su primera carrera. Participó en una competencia de 2 kilómetros y llegó en el puesto número 10. En ese momento experimentó algo único, la sensación de no pensar, solo sentir. Le decía a su madre: “mamá no corro con los pies, corro con el corazón" mientras ambos lloraban abrazados. Le repetía una y otra vez que “no sentía su cabeza”. Fue entonces cuando su familia comprendió que ese era su camino. Su madre recuerda que, en ese instante, entendieron cómo su cuerpo les enseñaba sobre la autorregulación, incluso en momentos de frustración. 


Desde entonces, Camilo ha seguido entrenando y hoy es un atleta federado por el Club Atlético Castro. Tiene un entrenador, Víctor Hernández, capacitado para entrenar personas con discapacidad. En el caso de Camilo, su mayor reto ha sido la tolerancia a la frustración y el manejo de la ansiedad, algo que ha mejorado notablemente gracias al trabajo con su entrenador. Algunos de sus logros incluyen:

-Tercer lugar en Puqueldón, general 2 km (2023).

-Primer lugar en Isla Chelín, 5 km (2024).

-Segundo lugar en la  Media Maratón de Quemchi, 2 km (2024).

-Primer lugar categoría infantil, Media Maratón Ruta los Ulmos, 2 km (2025).


Su sueño es correr una maratón representando a Chile en los Juegos Panamericanos.

Camilo corre porque lo hace feliz. Cualquiera puede correr, pero romper con patrones establecidos por una condición, es cruzar tu propia meta. Quiere demostrarle a otros niños con autismo que se puede, que hay que dejar de pensar tanto y empezar a sentir. A veces las emociones lo desbordan y dan ganas de llorar, pero cuando ve la meta y escucha a su mamá gritando “Corre Camilo”, todo cobra sentido. Ahora, incluso sus padres corren junto a él para motivarlo.

Decidió que el atletismo era su pasión cuando vio cómo su cuerpo, antes frágil y con poca actividad, se fortalecía. Ya no se caía con tanta frecuencia, tenía más fuerza y energía en el día a día, y lo mejor de todo, es que compartía esta experiencia con su familia.

La carrera que más le gustó, el evento que más enseñanzas le dejó fue el de Puqueldón 2023. A pesar de caerse varias veces, llorar un poco, y terminar agotado, logró el tercer lugar en la general de 2 kilómetros, compitiendo con más de 100 corredores, a sus apenas 10 años. Todos gritaban ¡¡Corre Camilo, corre!! ¡Fue ahí cuando entendió que esa su consigna! Adoptó el apodo “Correcamilo” como su identidad.

Le gustaría comunicar que los retos que el deporte nos entrega es la conexión con uno mismo y con los otros corredores. Valores y conceptos tan importantes como la aceptación e inclusión, lo hacen sentir tranquilo y muy contento, porque él demuestra que “todos podemos!!..y no hay nada imposible!!”

Camilo es un gran motivador, muchos de sus compañeros de terapia le dicen que es una inspiración, porque creció, está fortalecido, rara vez se enferma y hasta sale en la televisión cuando lo entrevistan por sus logros. Muchos lo han ido a ver a sus competencias o lo siguen por redes sociales para alentarlo.

Actualmente, Camilo entrena con rutinas de concentración y coordinación con pliometría en calle y en gimnasio. Dedica varios días y horas a la preparación para sus competencias, con la ilusión de seguir superándose. 

El mensaje final que le gustaría dar es que no es sólo un niño, es “Correcamilo”. Correr ha mejorado su estilo de vida, su concentración, masa muscular, tener metas y lo más importante en socializar. Uno de sus mayores aprendizajes ha sido la tolerancia a la frustración. Antes, cuando no quedaba entre los primeros corredores, se castigaba a sí mismo con golpes. Sus padres le han enseñado que, a veces, es mejor cambiar los golpes por risas, aprender y seguir adelante.

Su misión es motivar a otros niños a que corran y sean felices. Tiene muchas medallas conseguidas en las carreras que le gustan y lo hacen feliz, pero lo más importante es que corre con el corazón, porque nos demuestra que “no hay que hacer deporte sin el corazón”, y como él mismo dice: “Si me ves en alguna competencia grita “Correcamilo”, mi alma lo recibe porque es ella la que corre”. “Autismo y deporte, claro que sí”.





1. Robert Naseef

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