La segunda oportunidad de vivir

 

«Si no puedes volar, corre; si no puedes correr, camina; si no puedes caminar, arrástrate, pero hagas lo que hagas sigue moviéndote hacia adelante»[1]


La historia de Mario:

Mario Chiappero tiene 42 años, -es de San Francisco, Córdoba- pero vive en Santo Tomé, provincia de Santa Fé. Su historia de vida demuestra un ejemplo de lucha y superación ya que es un atleta trasplantado de riñón. El camino a ser ultra maratonista le llevo tiempo de superación y aceptación de todo lo que había pasado en su vida. Años de medicación, tratamientos y un cuerpo plagado de interrogantes sumados a la sensación de injusticia por tener a su hijo en estado vegetativo, lograron en Mario una capacidad de resiliencia en la que siempre encuentra motivos por los cuales vivir. Correr lo salvó del dolor, aprendió a convivir con su realidad y a nunca bajar los brazos para poder continuar.

 

Su relación con el deporte comienza desde la infancia; jugó al futbol y al básquet. La pelota lo apasionó, hasta que a los 13 años al regresar a su casa observó que tenía los tobillos muy hinchados, al punto de que no se le veían los huesos. Los médicos notaron la gran retención de líquidos reflejadas en la hinchazón y lo mandaron a hacer estudios. En ese momento le descubrieron una falla renal, los nefrólogos le recomendaron comenzarse a tratar.

Todo este acontecimiento era una novedad, ya que no había antecedentes en la familia, ni siquiera se conocía mucho en la ciudad. En ese momento le indicaron dieta y  nada de actividad, hasta que su estado empeoro y estuvo un mes internado en Córdoba. Le habían avisado a sus padres que si no mejoraba lo ponían en lista de espera para un trasplante.

Sin embargo, el destino quiso de un día para otro que los valores bajaran. Milagrosamente los médicos le dieron el alta, y al año siguiente lo dejaron hacer actividad. Así pudo sostener una cierta vida “normal” aun sabiendo que el “síndrome nefrótico” o insuficiencia renal permanecía ahí silenciado en su cuerpo, esperando el día en que volviera a despertar.

Una insuficiencia que dura no más de 5 años, él la mantuvo durante 21. Terminó los estudios, trabajó, realizó actividad física controlada jugando al  futbol en un equipo en la secundaria y durante la universidad su ejercicio disminuyó ya que iba avanzando la enfermad.

Cuando se recibió de técnico químico se fue a Santa fe Capital en busca de mejores oportunidades. Pero, en diciembre del 2013 encontró que los valores habían empeorado y ya nada podría contrarrestarlo. En ese momento el médico le dijo que su vida no se podía sostener. La medicación no se podía ajustar más. Había dos opciones  diálisis o trasplante.

Nunca imagino ni pensó que ese temido momento algún día llegaría….la decisión del trasplante era inminente. Lo primero que hizo fue llamar a su mamá para contarle. Los médicos le habían preguntado  si había algún familiar dispuesto a donar. Su papá no podía por la edad y su mamá había pasado por quimioterapia recientemente. Ellos eran la primera opción, aún le quedaba la de sus hermanos mayores si es que eran compatibles. Su hermana enseguida se dispuso a donar, entendiendo a lo que se arriesgaba en la cirugía, con la ilusión de salvarle la vida.

Así fue como empezaron con los estudios y acompañamientos psicológicos. El análisis de compatibilidad entre hermanos había arrojado un 50 % y eso alcanzaba para la operación.

Finalmente llego el día del trasplante, el 27 de mayo del 2014. Toda la familia se mantenía expectante. Mario y su hermana Florencia estaban tranquilos, no tenían miedo, sabían que podía fallar, pero confiaban en el universo. Resultó un trasplante exitoso.

El pos operatorio fue de 10 días, incluyendo la terapia intensiva y el no poder tomar agua por 24 horas seguidas. Su recuperación fue rápida. Durante 3 meses no pudo hacer actividad física. Al mes y medio se le despertó una infección y le recetaron corticoides para bajarla, produciendo una gran hinchazón en la cara.  

En febrero del 2015 lo autorizaron a empezar a trotar, no podía jugar al futbol porque tenía el riñón delante y cualquier golpe podía resultar perjudicial. Comenzó a trotar por su cuenta, corría un km y medio y no daba más, se cansaba, era lo único que podía dar. Estuvo así durante un mes. Hasta que se enteró que se corría “Santa Fe Corre” de 10 km, y pensó que podía llegar. El 14 de abril de 2015 hizo su primera carrera, 11 meses después del trasplante. Llego al km 2 y ya no daba más, empezó a caminar, corrió con las zapas de futbol, pero la experiencia lo invitó a soñar.

                      

Un capítulo aparte en la historia de su vida es para Valentino. Su hijo que nació hace  10 años -un 24 de diciembre- con hidrocefalia; pudiendo llevar una vida prácticamente normal, con ciertos cuidados para no golpearse la cabeza. Hasta que un día, el destino les jugó una mala pasada. Sin dudas, uno de los momentos más tristes en la vida de Mario fue enfrentar que su hijo atravesaba un problema médico muy grave, cuyo resultado lo dejaba en estado vegetativo, sin poder reaccionar, sin poder cumplir la vida de un nene normal, sin poder hablar, rompiendo en pedazos el corazón de cualquier familiar.

Valentino fue operado pero el resultado no se modificó.  Mario lo ama cada día un poco más, porque aprendió a aceptar que la vida le dio una segunda oportunidad para seguir viviendo a pesar de su realidad.

Durante ese momento, correr le permitía en cierta forma tapar la situación de Valentino. Sentía mucha bronca porque la vida le había dado una “vuelta de tuerca”. Los médicos no lo desconectaban porque tenía actividad cerebral, pero no era una vida digna para su hijo. Buscaba contrarrestar esa bronca e impotencia porque el destino lo había puesto en ese lugar, quitándole sueños y alegrías por festejar.

El camino para sanar, para no sentir la frustración y depresión era salir a trotar.  Intentó canalizar sus emociones corriendo.  Tapaba todo con los entrenamientos y las carreras, en su casa lloraba y renegaba pero entendía que  la vida seguía, que no tenía otra salida. Tal es así, que en un año llego a hacer 17 carreras. Sentía que el running lo salvaba……. ¿y si correr le devolviera la vida?

En muchos momentos corría llorando, en otros entrenaba de manera solitaria. Pensaba muchas cosas, recordaba a su hijo y no se daba cuenta de los km que sumaba. No quería parar, no podía parar. Llegaba a su casa y lloraba y al otro día tenía que salir de nuevo a trabajar. Correr era su cable a tierra. Le gustaba porque estaba en contacto con la naturaleza, conocía gente, lugares y un nuevo ambiente que le resultaba gratificante frente a tanta adversidad.

En junio del 2015 se unió al grupo “Santo Tomé Running” que dirigía su profe Nico Pena. Lamentablemente 3 meses después fallece y su familia decide donar sus órganos. Pudo salvar 8 vidas. Su lema fue: “no hay imposibles”. Hoy siguen con el profe Emanuel Lobo.

Con el paso del tiempo se fueron intensificando los entrenamientos y sus emociones se iban acomodando para retomar el camino del deporte. Decidió hacer foco en nuevos objetivos, sumando distancias y bajando tiempos hasta llegar a hacer  ultra maratones. Pero sin dejar de cuidar ni respetar su condición de trasplantado. La clave siempre era el control de la alimentación, con su nutricionista que le planificaba las rutinas.

La primera ultra fue de 60 km en Mendoza. Su profesor le preguntó si estaba seguro de enfrentar ese desafío. Mario siempre positivo y minimizando todo respondió con un sí rotundo. Fue un grave error porque no tenía idea del desnivel y quedo muy cansado, tardó 12 horas pero le sirvió para seguir entrenando y persiguiendo sus sueños. La vida le había enseñado que la lucha nunca se abandona y al año siguiente volvió a correr una ultra en el Cerro Champaquí. Hoy lleva 8 ultras completadas.

Se apasiona por las montañas, queriéndolas como su lugar en el mundo, donde encuentra paz y respuestas a varios de sus interrogantes. Enamorado del trail y de ese ambiente no tan rivalizante. Conociendo corredores más solidarios, que entre todos se ayudan y se motivan, además de los paisajes y el poder sentir esa libertad de estar en contacto con la naturaleza, respirando ese aire.

También corre carreras de calle, siempre buscando nuevos objetivos para motivarse. En el 2021 empezó a preparar su máximo sueño y desafío personal y deportivo: los 110 km de Patagonia Run. Hoy cree que es el único trasplantado que pudo terminar esa distancia. Confiaba plenamente en que la iba a finalizar. Se lo había propuesto con todo su corazón y su mente.

Recuerda que al terminar la carrera completamente emocionado y lleno de lágrimas, se acordó de su hermana, de Valentino, de todo lo que había pasado en su vida, desde el trasplante hasta lo vivido con su hijo. Pura emoción el haber logrado correr más de 21 horas, durante toda la noche, superando los dolores y las adversidades de su vida. Sintió que lo había dado todo y cumplido su sueño. Puro orgullo y satisfacción enorme para él, su hermana, su hijo y todas las personas que lo aman.

Esa fue, sin dudas, la carrera que más le gusto, la más emocionante, la que pudo correr  con lluvia durante 4 horas, atravesando diferentes paisajes, conociendo muchos corredores, admirando la logística y los caminos súper desafiantes.

Mario corre porque es su estilo de vida, una forma de agradecer todo lo que le permite vivir. Le genera mucha satisfacción conocer nuevos lugares. Se ha topado con personas maravillosas, carismáticas, con buenas intenciones, que se animan a relacionarse a pesar del dolor o de las vicisitudes en un ambiente muy sano, muy gratificante. Además del lujo de conocer nuevos paisajes  y de poder disfrutar plenamente de las carreras. Poder hablar mientras corres, te hace sentir vivo, es una forma de vivir y disfrutar sanamente la vida.

Todo el tiempo busca mejorar, ser su mejor versión, a pesar de estar trasplantado y correr a la par de cualquier corredor. La medicación le genera cierta pesadez en la sangre, ya que no puede tomar recuperadores, ni ibuprofenos, ni suplementos.

El mensaje que le gustaría dar es que si uno quiere puede lograr sus objetivos, que todo es posible, porque la vida está hecha para vivir. Quiere motivar a la gente pensando que si él siendo trasplantado puede ser un buen deportista, como los demás no van a poder. Siente que hay que disfrutar cada momento, no esperar a tener una segunda oportunidad de vivir.

Piensa que a veces la gente se excusa, porque si uno quiere el tiempo lo busca, y si te lo propones lo haces, porque todo está en la cabeza. Hay que ir por los objetivos personales, ir en busca de sueños y hacer todo lo posible por cumplirlos, entendiendo que hay días buenos y otros no tantos.

Lo más significativo de esta historia es la importancia de la donación de órganos, de salvar vidas y de entender los cambios rotundos que se producen en los que reciben la donación, ya que se genera  vida en otra persona y eso da una gran satisfacción, porque reciben nuevas oportunidades, contrarrestando la desesperación de estar en una lista de espera aguardando una donación.

Mario celebra el acto de amor más impresionante que tuvo su hermana como donante vivo, le agradece infinitamente, reconociendo que debe estar muy orgullosa de saber cómo le brindó una segunda oportunidad de vivir. Su vida cambió 180 grados al ser  trasplantado, ya que antes no podía subir ni 3 escalones con 34 años sin agitarse, y hoy puede correr más de 24 horas como trail runner.

Esa es su forma de vivir. Imagina su futuro corriendo. Le gustaría hacer más triatlones, sumar nuevos desafíos. Quisiera correr una maratón internacional en otro país. Le gustaría recibir apoyo económico para fomentar su carrera deportiva, seguir corriendo y viajando para cumplir sus sueños, celebrando esta segunda oportunidad de vivir  y agradecer que su cuerpo y su cabeza le permiten seguir.



 

 

 

 


[1] Martin Luther King.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Nunca es tarde para cumplir sueños deportivos

Honrar la vida