Volver a vivir

 

La historia de Nico

“Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los "cómos"”[1] 


Esta es la Historia de Nico, un coach ontológico, director de cine y deportista. Tiene 48 años, pero para él la edad que marca su nuevo aniversario se remonta a 14 años atrás, momento en el cual un accidente le cambió la vida. Realmente da placer escucharlo y es admirable verlo entrenar, con mucha energía y ganas de mejorar.

Nació en Bs As, pero junto a su familia vivió hasta los 18 en Comodoro Rivadavia. Su relación con el deporte estuvo siempre ligada al rugby. Desde el momento en que lo practicó, a los 9 años, sintió pasión por este deporte. 

Durante la secundaria le gustaba correr en el cerro y hacer acrobacia. Su vida consistía en entrenar rugby todos los días y los fines de semana estar en el club. Disfrutar de la naturaleza y del aire libre. Cuando terminó el colegio volvió a Bs. As. a estudiar medicina. Durante ese primer año trabajaba, cursaba y podía hacerse un tiempo para entrenar. Comenzado la carrera cambió las prioridades, apareció en su vida otra pasión, hacía teatro para escapar de la rutina.

Descubrió el mundo del arte, participada en publicidades y se desempeñaba como asistente de producción. Ese mundo le parecía fascinante. El teatro le daba libertad, adrenalina, pasión, independencia, un canal de desconexión. Entendió que su carrera de medicina empezaba a tambalear, porque ya no sentía la misma emoción. Nico vivía para filmar. Toda su energía la depositaba en aprender, crecer y experimentar nuevas sensaciones.

Tal es así, que un día decidió viajar junto a 4 amigos a Puerto Pirámide a pasar fin de año. Sin imaginar, jamás, que ese viaje iba a cambiar el sentido de su vida. Empezaba su propia película, digna de los mejores guiones cinematográficos. Una historia de esas que uno ve en el cine, pero que jamás podría pensar que le ocurriría. Cuando me la contó (confieso) sentí escalofríos…cuesta entender que un determinado momento puede cambiar el rumbo de tu vida.

Llegó el 31 de diciembre del 2006, Nico y sus amigos estaban en la Bahía de Puerto Pirámide, tirándose al agua desde las rocas. Era una playa amplia de arena húmeda y con poca gente. Les avisan que tengan cuidado porque estaba bajando la marea. Las piedras desde donde se tiraban tenían casi dos metros. Todo transcurría normal y era un juego divertido. Sin embargo, la segunda vez que se tiró de cabeza sintió que algo cambió al entrar al agua. Recuerda dejarse hundir, ir hasta el fondo y empujarse para salir. Cuando llegó a la superficie se sintió débil, no podía mantenerse a flote, no podía brasear. Les pidió ayuda a sus amigos para que lo sacaran porque tenía la certeza de que llegaba su final.

Cuando lo acostaron en las piedras, recuerda mirar a su amigo y decirle “la cagué”. En ese instante, entendió  que “venía la hecatombe, un proceso largo, distinto y raro”. Tuvo la conciencia plena de lo que le estaba pasando y la incertidumbre de que no sabía si sobreviviría.

¿Puede acaso una persona imaginar que su destino cambie en tan sólo un segundo y se derrumben todas sus ilusiones? No, a Nico le llevó años aceptarlo, pero hoy reconoce que todo pasa por algo, porque pudo volver a vivir para contarlo.

Los médicos que llegaron para salvarlo le pusieron amarres, un cuello rígido, oxígeno y lo ataron a la tabla. Le esperaban más de 100 km hasta el hospital cercano. En la ambulancia comenzó a darse cuenta de “que se le apagaba la tele”, pero recuerda decirle a su amigo “tranquilo que yo no me voy a morir”.

Perdió la conciencia durante el viaje en la ambulancia y cuando lo despertaron en la clínica venía, sin dudas, la parte más difícil. El informe del médico le anunciaba “tenes la 5° y 6° vértebra cervical quebrada”. No era nada más y nada menos, que una posible lesión medular. El veredicto final informaba que las vértebras cervicales se habían quebrado en varios pedazos producto del impacto contra al agua.

¡Que increíble manera de terminar el año! Su familia y el médico estaban ahí para apoyarlo. Comenzaba así, una nueva etapa en su vida. Un camino largo por recorrer, pero con la certeza siempre de amar la vida.

Lo primero que le practicaron fue una tracción para descomprimir la columna. La lesión le apretaba la médula. Debían operarlo y recién después sabría si volvería a caminar, y en caso de superar la operación, por supuesto, iba a requerir de toda una vida de rehabilitación.

¿Qué sentía Nico? Durante toda su vida había mantenido conciencia plena de su cuerpo gracias al teatro, meditación y yoga. Pero de repente, encontraba en esa conciencia que en ese momento, solo tenía la fuerza que hacía con el cuello y apenas mantenía los movimientos de la cara. Su cabeza estaba fija a un aparato de hierro. Nico estaba “re cagado de miedo, pero tenía muchas ganas de vivir”.

Debía hablar con su familia y empezar a pensar la logística posterior a la operación, de la cual todavía no sabía cómo iba a terminar. El médico le pidió que tenga muchas ganas de vivir para poder superarla.

Las noches en la clínica eran horribles, no podía dormir, lloraba, no pasaban los segundos, los días, nada. Sólo miraba al techo, a oscuras, en terapia. Sentía ruidos muy raros de los otros pacientes que lo perturbaban, estaba experimentando sensaciones raras.

Finalmente pasó 8 horas de operación donde lo estabilizaron, aunque la lesión de la médula era irreparable. Debía volver a Bs. As. en un avión sanitario para continuar la rehabilitación.

Ya internado en Fleni[2] se mantenía siempre en la cama, quieto, con asistencia en todo, menos para cerrar los ojos y respirar. Sus amigos y familiares fueron su fortaleza. Luego de 15 días empezaron a sentarlo en una silla de ruedas para ir probando como se sentía. Pasó internado 6 meses en este lugar. Hasta que un día volvió a la casa de sus padres, un hogar al que habían adaptado para que pudiera volver a vivir.

La recuperación era un día a día con lo que iba pasando y mucha incertidumbre. Le hacía bien la compañía, la risa, las amistades. Nico creía que iba a volver a caminar, que la rehabilitación iba a ser buena, porque tenía fuerzas para salir adelante. Cuando sentía bajón lloraba o puteaba para hacer catarsis. No quería estar deprimido, debía aceptar la tristeza y dejarla pasar, no negarla. Aceptar todas las emociones: enojo, bronca y angustia por lo que le pasaba. Hoy siente que fue durísimo, pero que las emociones hay que atravesarlas.

Con el tiempo pasó de no poder mover del cuello para abajo, a ir ganando de a poco movilidad en los brazos. Reaprender a mover varios músculos. Comenzar de cero e intentar valerse por sus propios medios. Se negaba a la silla de ruedas eléctrica, quería practicar con una manual. Nico tiene una lesión completa cervical que no le permite mover las manos, pero si los brazos.

Se propuso con el tiempo ir aprendiendo nuevas habilidades y generarse mecanismos para subsistir, para ser autónomo. Cuando estaba internado se volvía loco por hacer deporte. Pero cuando vio rugby adaptado volvió a ilusionarse. Quería eso para su vida. En el 2007 no había cumplido un año de lo que le había pasado, que fue a ver el primer entrenamiento de rugby en silla de ruedas. Lo invitaron a sumarse y desde ahí nunca más dejó esa pasión.

Fuera del deporte se sentía un bicho raro en la ciudad pero al ir a entrenar se encontró con otros que estaban en la misma condición, que “no se ponían un techo, que podían vivir solos”. Que podía aprender a mejorar la musculatura y, principalmente, su calidad de vida.

Hoy en día Nico termina enojado si no puede hacer el objetivo pero feliz de haber entrenado, porque el deporte le da vida. Escucharlo da orgullo, ya que estuvo, incluso, en la selección argentina.



El deporte es primordial. Les recomienda a todos que lo hagan porque van a sentirse realmente vivos. Le ayuda a liberar su cabeza, a la sociabilización, a la mente, a mantenerse activo y a no dejarse vencer, ni en sus peores días, ni por sus propios miedos. Y en este descubrir el mundo y querer mostrar que se puede, depende de uno ver hasta donde llegar.

Nico sabe que ha logrado cosas que creía que no podía alcanzar. Que hay que pedir ayudar y esa ayuda siempre está. No decir que no podes hacer tal cosa, sino averiguar cómo hacerlo. Se propuso descubrir todas las cosas que su curiosidad le permitía. Aprendió a los golpes a conocer sus límites.

Experimentó volar en parapente, hacer buceo, manejar, ski, bicicleta de mano hasta intentar cocinar. Se está armando un Motor Home para poder viajar libremente sin depender del turismo adaptado.

Nico tiene una facilidad de palabras, que da gusto escucharlo. Le gusta contar que puede cambiar la cultura, que se puede mostrar otro mundo, otras posibilidades y esto es lo que se propone contar en sus redes sociales. Tiene un canal de YouTube, y varias entrevistas a su nombre. Le gusta demostrar y demostrarse que aunque le cuesten las cosas, siempre lo intenta. Brindar algunos consejos o soluciones lo más realista posible; buscar un sentido y un para qué en sus acciones y tratar de llegar no sólo a los que estén en su misma situación sino a cualquier persona que lo implore.

Es coach ontológico porque desde que comenzó con teatro le gusto esa filosofía de vida: “ir para adelante como un toro”. Ver que todo es posibilidad, que no existen los problemas, sino que existen las situaciones.

Sin dudas, el momento del accidente él lo vivió como un problema, con dolor, como una mierda. Pero cuando lo aceptó pensó que incluso era una situación que le aportaba algo más productivo a su vida. Por supuesto que lleva tiempo entender y darse cuenta de estas realidades, de que todo pasa por algo. No pensar en el error, sino que existen las oportunidades, la aceptación y las nuevas posibilidades. Su lema es “aceptar lo que la vida te pone por delante”.

Entiende que es fundamental tener una mente positiva, respirar hondo  aún en las miserias, en las angustias y en la rutina. Acepta lo que el destino le brindó, aunque sea un ser que reacciona, que se enoja, que se cuestiona, pero que no se victimiza. Aunque a veces se le caen las cosas, pero por suerte hace 6 años que lo acompaña  Sofía, su perra de asistencia, que le “ilumina los días”. Esta entrenada para llevarle objetos, abrir puertas, levantar cosas del piso y sobre todo brindarle alegría.

Cada fin de año Nico festeja un nuevo año de vida. Celebra el proceso por el cual le cambió la cabeza, el cuerpo y su forma de vivir. Pero en el fondo, cuando la fecha se aproxima, todo su mundo interior se le moviliza. Lleva 14 años de volver a vivir. Elige comunicar en sus redes siempre una foto bien significativa: la del antes y el después.

Entiende que es la mejor representación de lo que era y de lo que es hoy. Siente que está igual pero desde otro lugar. En el momento del accidente estaba en armonía, pasando cosas lindas y contento con lo que hacía. Por esta razón, la foto del pasado es siempre la misma y la nueva es como re significar todo eso que el vivía.

Pero me detengo a pensar: ¿Qué comunican esas fotos? Nico tenía antes un “cuerpo hegemónico”, era deportista, flaco y con mucha pinta. Sin embargo, hoy en día aprendió a sentirse sexy con su “cuerpo de rengo”, aunque esto le haya llevado el tiempo que no merecía. Entonces, se propone darle importancia a su cuerpo tal cual se ve y trabajar sobre el prejuicio a las personas con discapacidad. Salir de lo hegemónico y aceptarse en su nueva corporalidad.

¿Cómo imagina su futuro? Le gustaría seguir entrenando y participando del rugby adaptado. Sueña con volver a un Panamericano y anhela conseguir más deportistas para que crezca el deporte y el seleccionado. Darle más difusión, ayudar en la comisión deportiva, y por qué no algún día ser entrenador, transformado historias colectivas.

Con respecto a lo laboral sueña con hacer su película “El Paso”, la cual quedó trunca por la Pandemia. Se imagina como director de cine, viajando por el mundo con su Motor Home. Sueña con modificar la cultura, dar charlas, hacerle entender a la sociedad lo que es ser discapacitado. Concientizar sobre la falta de empatía, ignorancia, prejuicios y tantas otras injusticias acontecidas.

Su mensaje es “quiéranse, porque hay que ponerse en el lugar de otro, que es uno más como nosotros. Dialoguen, entiendan que al otro también le pasan cosas”. Su motivación es la igualdad de derechos. Dedica su vida a las personas con discapacidad, la forma en que lo hace es demostrando que “en el mundo se puede”, contando su propia experiencia. Mostrando que no hay que vivir en la lastima, ni ser una víctima de lo que el destino le otorgó. Ama a la vida, porque le dio otra oportunidad para volver a vivir, y eso es lo que hace día tras día.     




[2] Es una institución médica de prestigio internacional que atiende a niños y adultos en todo lo relacionado a las Neurociencias. Disponible en: https://www.fleni.org.ar/

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