EL camino recorrido

 

La Historia de Juan

 

«No huyo de un desafío porque tenga miedo. En cambio, corro hacia él porque la única forma de escapar del miedo es pisotearlo bajo tus pies». [1] 

 


Esta es la Historia de Juan, un Técnico Ortopédico nacido hace 46 años en la Ciudad de Buenos Aires, que mantiene un vínculo muy estrecho con el deporte, practicándolo en diferentes niveles, durante varios años y también desde un lado más profesional. Es el creador de Pro Run[2], una empresa de salud y bienestar que busca mejorar la calidad de vida a través de sus plantillas ortopédicas.

Hay tanto por aprender en el deporte que debemos descubrir el mundo de los pies. Conocer el calzado adecuado y el uso de las plantillas como la base de todo corredor, de todo deportista, porque nos permite caminar, saltar, correr o incluso andar por la vida. Así que esto es lo que me propuse contar; porque al final, todos tenemos un camino recorrido.

¿Cómo era Juan de niño? Tuvo una infancia un tanto difícil, sufrió por mucho tiempo bullying. Debido a un cuerpo “gigante”, al sobrepeso constante, de un niño alto y de contextura grande.

¿Cómo era su relación con el deporte? Directamente no hacía nada. Sus padres no tenían conciencia sobre el beneficio del ejercicio, ni tampoco sobre la alimentación, ni menos aún sobre la vida saludable. En su casa todos comían la comida casera que preparaba su madre.

Entonces, como consecuencia del bullying y del maltrato constante, Juan decidió aprender a sus 13 años artes marciales. Debía enfrentar esos miedos, por todo lo que sufría de pequeño y porque se “agarraba a piñas con sus compañeros”. Debía defenderse, protegerse de las agresiones, porque ese era el valor que le habían inculcado. Ser “el gordo del curso” lo ponía triste, con bronca, con miedo y enojo constante. La angustia de un niño que no puede ser feliz, porque la sociedad te moldea con el ejemplo de un buen compañero, de un “cuerpo perfecto, de un cuerpo modelo”.

Finalmente un día decidió que quería cambiar, no podía soportar más ese maltrato y la salida que encontró fueron las artes marciales. Les planteó a sus padres tomar clases, para no seguir golpeado por sus mismos compañeros.

Juan recuerda que lo más importante de esa época fue que el deporte le dio seguridad para afrontar el día a día, le permitía enfrentarse a sus propios miedos. Sabía como pelear, como no dejar que lo molestaran, aunque no era lo más sano, ni amigable. Una vez tuvo una pelea grave con otro chico, que -de alguna manera- le permitió ganarse el respeto dentro del colegio, para que nadie más se atreviera a hacerle bullying, pero claro está, dejando consecuencias en su camino, ya que nada de esto era viable. Ese fue el momento donde hizo un click en su vida.

Sus padres no querían que se cambiara de escuela, por esta razón decidió repetir tercer año para no cursar más con el chico que había golpeado, ni con sus viejos compañeros. Se proponía comenzar de nuevo. Fue la mejor decisión, transformó su vida y cambió toda la perspectiva. Hoy puede mirar atrás y decir que hizo lo posible para salvarse.

Las artes marciales que practicó le dieron una gran satisfacción. Llegó a ser maestro, a dar clases para muchos alumnos y a ser muy bueno. Aprender a pelear le dio seguridad. Le permitió salir de todas esas cosas malas que había vivido, progresar, ser alguien en la vida. El deporte lo llenaba, lo hacía feliz y le permitía superar sus barreras.

Sin embargo, sentía que su cuerpo de contextura física grande estaba excedido de peso, así que a los 18 años se propuso adelgazar. Comenzó a caminar y a trotar. Sólo, sin profesores y sin nada. Hasta que le recomendaron ir al Parque Avellaneda a ver a un entrenador muy bueno y exigente de pista, el gran Gilberto Miori.

Con el paso del tiempo fue bajando de peso ya que entrenaba todos los días. Las artes marciales habían pasado a segundo plano: ahora estaba fascinado y enamorado del running. En la década de los 90 siempre eran los mismos deportistas, formaban parte de su familia. Le encantaba viajar a todos lados para correr. En esa época el atletismo no era un deporte para nada masivo.

 


Pero había algo que a Juan siempre le llamaba la atención “el mundo del calzado”. Recuerda que por el año ´94 tanto le gustaban las zapatillas que viajaba hasta Munro a ver los canastos, era un fanático. Cualquier novedad que salía en el mercado la testeaba, le encantaba probar y comprar las zapas que veía en las revistas de atletismo. Sacaba información de España y de lo que se usaba en Europa. Fue en ese momento donde empezó a llamarle la atención  el uso de las plantillas a medida.

Su primera prueba atlética fue de 10.500 metros en el Hospital Vélez Sarsfield en 1990. La anécdota fue que corrió con zapatillas de tenis Diadora de cuero y usó un short de fútbol, claro está, carecía de ropa deportiva.

Para Juan el deporte es su estilo de vida. Corrió casi 20 años seguidos. Pasó desde entrenadores keniatas hasta alto rendimiento en el Cenard. Le gustaba mucho la pista, la velocidad, medio fondo, velocidad con resistencia, de todo un poco. Conocer ese mundo le aportaba una magia inesperada. Era algo que le encantaba. Estuvo allí dos años hasta que tuvo un desgarro muy fuerte que lo dejó sin entrenar.

Pasó, a su vez, por varios laburos, fue masajista de corredores y masoterapeuta. Lo más importante fue que a los 27 años hizo una Licenciatura en Ortesis y Prótesis, donde descubrió su verdadera vocación. Decidido a emprender su sueño comenzó en el 2001 a montar una ortopedia que se dedicara y enfocara a la salud y a lo deportivo.

Por otra parte, le costó mucho salir de la lesión, tardo como dos años en volver a correr, hasta que en el 2002 retomó con todo. Hizo muchas carreras pero no se animaba a la distancia madre. Finalmente, la decisión de correr su primer Maratón (2007) la tomó luego de que una amiga falleciera en Cromañón. Corrió con una carga emotiva, sintiendo la presencia de su amiga.  Lloró mucho por la emoción de recordarla, sumado a todo el esfuerzo y a tantas sensaciones encontradas.

En su segundo Maratón (2008) recuerda estar mejor preparado que en el anterior. Llevaba mucho tiempo entrenando y una buena alimentación, tenía el peso ideal y se cuidaba mucho. Mientras tanto seguía con su empresa que iba creciendo con los años y mejorar el calzado cada vez se hacía más necesario.

Con el tiempo su presencia en el mercado se fue volviendo cada vez más importante, brindando charlas para recomendar zapatillas y ayudar a deportistas. Hasta llegó a tener incidencia en lo que se importaba y en la curva del calzado de lo que más se usaba. Así fue posicionando su empresa y adquiriendo cada vez más experiencia.

Juan conoce de traumatología y de lesiones deportivas. Hace 30 años que está en el ambiente del atletismo. Parte de su trabajo es poder ver a un deportista y reconocer su postura y saber qué necesita.

Pero no todo siempre fue bueno en su historia deportiva. Dejo de correr porque su mama se enfermó de cáncer, estuvo años parado, sin hacer ejercicio. También su amiga/socia (mano derecha en la empresa) tuvo cáncer. De nuevo se le derrumbaba el mundo, porque se tenía que hacer cargo de todo el trabajo constante.

Sin embargo, pudo encontrar en la bicicleta un canal para hacer algo y correr muchas carreras por el país. Llegó a ser muy bueno, a pesar del sobrepeso que no le afectaba tanto. Un día decidió volver a correr porque cree mucho en “causa y efecto”, se le apareció su viejo entrenador de atletismo, el cual le generó una emoción tan grande que le dio el impulso para volver a correr. Hoy se siente feliz por el camino recorrido, porque  la vida los haya reencontrado. 



¿Por qué ama su trabajo? Siente que tanta experiencia le ha dejado gente querida. Muchos conocidos, a los que de alguna manera, les soluciona la vida. Se alegra cuando le mandan fotos con la medalla: “es muy satisfactorio recibir mensajes”.  La devolución de afecto, el escuchar a las personas, los vínculos que genera, son su motivación constante.

No puede dejar de mencionar las anécdotas que vivió de chico. Tenía pie plano y había usado toda la vida plantillas de acero y de cuero que lo traumaron. Por esta razón, empezó a generar su trabajo para remediar los padecimientos que había sufrido. Esos “traumas” lo llevaron a hacer un producto distinto, unas plantillas que le permitieran correr y hacer deporte.

Por eso Juan trabaja en la prevención. A los deportistas les dice que zapatillas deben usar para cada disciplina. También es sponsor de corredores. Sabe la proyección de cada uno, de tiempos y de las condiciones. Está en contra de lo antideportivo, del doping, de los que simulan hacer las distancias completas y se cuelgan medallas sin honores. Su código de trabajo es la palabra. Tiene un compromiso total con lo que hace.

Hoy corre de nuevo porque quiere bajar de peso, volver a estar bien con el mismo.  Siente que es una terapia correr, salir, volver renovado, estar bien y feliz. Ama sentir el viento en la cara y esa sensación de libertad que te depara.

Con respecto a su futuro le gustaría abrir sucursales en otra ciudad del mundo. Seguir creciendo y pudiendo conocer más historias deportivas. Su pasión es la vinculación del deporte con la biomecánica, la ortopedia y la salud. Su mensaje es correr para mejorar la calidad de vida, sin lesionarte, cuidándote y siguiendo los consejos de los profesionales.

Juan sabe que va a hacer deporte hasta el final de sus días. Volvió también a su vieja pasión y satisfacción que le brindan las artes marciales. Reconoce la seguridad que le aportó en la vida y que si no lo hubiera practicado hoy tendría diabetes o hipertensión. Por eso recomienda que camines o corras, que te mantengas activo y que al final, agradezcas a tus pies el camino recorrido.



 

 

 

Comentarios

  1. Que maravilloso relato, y que bueno poder volver a comenzar las veces que sea necesario cuando la pasión deportiva brota desde el corazón . Gracias Yae y gracias Juan , tu historia inspira

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