Romper el Muro
La Historia de Cristóbal
“Cuando nos encontramos frente a un muro en
nuestro camino, no está ahí para detenernos, sino para mostrarnos cuánto
deseamos lograr nuestro objetivo.”» [1]
Esta es la historia de vida de Cris, quien se acercó a partir del relato “Por qué corremos”[2] y me propuso contar mi experiencia. Resulta que además de ser deportistas nos une la pasión por la escritura. Cris escribió su libro “Rompiendo el Muro”[3] logrando una recopilación de relatos de diferentes deportistas sobre sus experiencias en carreras de 21 y 42 km. Por lo tanto, esta historia surge de un trabajo colaborativo entre las palabras de él y las mías, como resultado del placer de conocer la experiencia de deportistas internacionales, buscando siempre la respuesta al por qué corremos y por qué amamos el deporte.
Cris nació en Chile.
¿Cómo era de pequeño? Siempre ligado al deporte, soñando como muchos ser
futbolista. Ya en la adolescencia practicó tenis, básquet y handball, aunque lo
terminaron aburriendo. Fue a sus 15 años que tuvo el primer acercamiento con el
running, a partir de un taller de atletismo. Sin embargo, por culpa de una lesión
dejó de cumplir ese desafío.
Durante su etapa
universitaria tuvo algunas complicaciones y cambios radicales. Estudiaba
Administración de Negocios -creyendo que su futuro sería tras un escritorio-
cuando de repente desde la Universidad le comunicaron que el campus cerraba.
¿Qué hacer frente a esa situación jamás imaginada? Era un momento para repensar
su futuro; para volver a soñar e imaginar qué es lo que quería para su vida. Sabía
que la respuesta estaba ligada al deporte, desde el lugar de estudiar el
movimiento del cuerpo y sus mecanismos. Soñaba con ser el kinesiólogo del
equipo de fútbol que amaba: “La
Universidad de Chile” y, por supuesto, quería ayudar a las personas a
recuperarse de lesiones, a rehabilitarse, a ser mejores deportistas y por qué
no mejores corredores.
Sin embargo,
todos estos cambios lo dejaban sin tiempo para hacer deporte. Las obligaciones,
las relaciones sociales, los viajes y el estudio lo iban desapegando del poder
entrenar, pero un día se vio tan mal físicamente que dijo “esto no puede estar pasando”. Entendió
que era momento de volver a entrenar.
Se metió en un gimnasio
para recuperar fuerza física, pero no le encontraba la gracia. Un día un amigo le
habló del Maratón de Santiago y eso le llamó la atención. Debía entrenar pero
no sabía cómo, ni con quién, ni qué hacer. Así transcurrió el tiempo y llegó la
fecha para el debut. Se había propuesto correr “como un loco” los 21 km de Santiago. Sintió que fueron
maravillosos. Al otro año volvió a repetir ese desafío, pero esta vez, al
cruzar la meta se dijo “el próximo año,
vas por los 42”.
Siempre pensó
que hacer 42 km era una verdadera locura, aunque esta vez se animaba a hacerlo.
Así fue que en el 2017 se anotó en la Maratón de Santiago. Cuando llegó el
comprobante de inscripción su reacción fue “qué
carajo acabo de hacer”. Ya no había lugar para arrepentirse de esa decisión.
Mientras tanto esperaba concretar otro sueño, el de graduarse como kinesiólogo.
Llegó el día de
la Maratón y un sinfín de emociones pasó por su mente. Estando en la partida,
empezaron los cuestionamientos de si podría lograrlo o no, pero estaba seguro
que se iba a colgar la medalla y que se graduaría también de “maratonista”.
El primer kilómetro lo hizo a 4:15: “para mí una brutalidad, sabía que si hacía ese ritmo me fundiría al poco andar, por lo que intentaba calmar mi ansiedad, siendo turista en mi misma ciudad”. La decisión fue ir más lento, mirando el paisaje y recordando las veces que había entrenado por esas mismas vías que ahora lo llevaban al destino del maratón. Durante la carrera sintió esa sensación de romper el muro, una extraña emoción: por un lado le daba ansiedad pensar que le quedaban cerca de 14 km para terminarla, pero por otro, sentía un poco de frustración por el hecho de que este famoso muro apareciese tan pronto, recién en el km 28. Pudo lograr el objetivo. Sin embargo, al cruzar esa meta, apareció una nueva pregunta en su vida: “¿y ahora qué, cómo seguimos?”.
Un día mirando Facebook encontró fotos de lo que había sido la
Maratón de Buenos Aires del 2018. Se le iluminaron los ojos pensando que su
nuevo objetivo se encontraba ahí. ¿Qué mejor idea que realizar su segundo maratón
y el primero a nivel internacional en una ciudad que siempre había soñado
conocer? “Me verás volar por la ciudad de
la furia”[4], le
sonaba en la cabeza, cual digno fanatismo por la música de Cerati. Quería ir por
mucho más, así fue como en enero del 2019 se anotaba para esa carrera.
No obstante, tuvo algunos meses que se le
tornaron un tanto complejos, el ánimo decayó fuertemente, no se sentía muy
motivado para entrenar y se había desencantado un poco del running. ¿Cómo hacer
para volver a estar motivado? Sentía que todo lo había superado. Comenzaban los
miedos y las dudas. Gracias al apoyo de seres queridos, decidió levantar el ánimo
y re encantarse de a poco. Su primer objetivo era la Media Maratón de Santiago
pero lo que vivió fue un guion digno de una película de Tarantino, ya que experimentó
las peores sensaciones que se pueden sentir: deshidratación, calambres y un
calor agobiante. El resultado arrojó un tiempo de carrera por demás del
estipulado, que le hacía replantearse el viaje e incluso hasta renunciar al
Maratón de Buenos Aires. A pesar de eso, en su cabeza resonaba la idea que si no
cumplía ese desafío, no sería la misma persona; ya no podría percibirse a sí
mismo como un deportista que nunca se rinde.
Entonces la misión por viajar a correr
a Buenos Aires debía prepararse y estando a 4 meses el sueño renació como el
ave fénix. Recuerda que Steve -su coach- le empezó a diseñar la planificación,
la cual fue un gran trabajo. Había días que salía todo excelente y otros en los que directamente
no le daban ganas de entrenar. Sin embargo, entendió que este deporte te enseña
disciplina y que nada en la vida se consigue sin sacrificios ni conducta
deportiva. Durante los siguientes meses corría otras carreras, como parte de la
planificación.
Recuerda esos fríos entrenamientos en
la ciudad de Rancagua, bajo densas neblinas y donde salir a las 8 am con 2° le hacía
pensar en quedarse acostado. Pero en el fondo él peleaba por algo, un sueño que
se iba construyendo de a poco. No obstante, fue a fines de julio cuando le apareció
su primer percance: un esguince grado 2 en el tobillo derecho. Tuvo que re planificar
todo lo que venía por delante, viviéndolo de manera complicada, porque cambiar
estrategias quedando tan poco, dentro de su estructura mental y de su
planificación deportiva no estaba en sus posibilidades. Durante agosto en plena
recuperación del tobillo, volvió a sufrir otro esguince. El guion de la
película ya era de terror prácticamente porque este esguince le hacía dudar de
si correr o no, ya que era peor que el anterior. Requería de milagros para
sanar y poder correr, finalmente ese milagro sucedió.
Llegó septiembre y se enteró de varios
conocidos que venían a correr a Bs As. La sorpresa más linda se la daría su
novia Becca, anunciándole que ella también viajaría a la Argentina. Fue para
Cris “lo más loco, y a la vez más lindo
de ese viaje”. Al final, el amor siempre resulta un gran factor motivante
para cualquier deportista.
Su arribo a la “ciudad de la furia” no estuvo exenta de dramas y desesperaciones
típicas de turistas. Al llegar al hotel donde se hospedaría, el conserje le
comunica: “la aplicación por la que usted
nos contactó nos avisó de un cambio en su tarjeta, por lo tanto, no tiene una habitación
reservada”. Quedó descolocado. Buenos Aires lo recibió con una bofetada
digna de una pesadilla. Se encontraba sólo, sin hospedaje y sin saber qué hacer
en esta gran ciudad. Se sentó en un banco afuera del hotel a pensar. Empezó a
preguntar dónde encontrar un ciber para buscar un nuevo hospedaje. Al entrar al
negocio recuerda las palabras del dueño: “che
flaco, qué te pasó, te vienen persiguiendo”, se largó a reír de los nervios.
En el nuevo lugar encontrado le informan “no
tenemos reserva con su nombre”, a esa altura ya pensaba que Argentina no
quería nada con él y cuando se estaba por retirar del hotel, le dicen que finalmente
estaba la reserva. Recién ahí pudo sentir un alivio y enfocarse en pensar que sólo
quedaba esperar a su novia y el gran desafío del maratón.
Llegó el día. En el hotel eran pocos
los corredores dispersados por ahí. Cris estaba muy concentrado, sólo quería escuchar
música y esperar que llegara la hora de partir. Se subió a un taxi mientras iba
recorriendo la ciudad y observaba como iban cerrando calles y poniendo vallas.
Le empezó a subir el pulso, el conductor se reía y para aliviarlo le dice: “venís a ganarles a los keniatas”, se rio
y relajó porque era el momento de bajarse. Caminó un kilómetro y medio hasta la
zona de la largada. Fue un tramo que se le hizo eterno, pero el playlist
sonando a todo volumen lo empujaba. Gracias a formar parte de la comunidad de
Adidas Santiago pudo entrar en la carpa de Adidas Bs As, viviendo el
sentimiento de formar parte de un gran grupo y no sentirse sólo. Fue ahí donde
se encontró con un conocido, con quien se dio un abrazo y las últimas palabras
de aliento. Antes de salir de la carpa, el Head coach Lelio dio una arenga
magistral. Cris sintió la piel erizada y la emoción desmedida, ya la suerte
estaba echada y sólo le quedaba disfrutar.
Al entrar al corral quiso ver que tan
patriotas eran los argentinos y cuando sonó el himno, de verdad lo que sintió fue
algo impresionante. El despliegue de una bandera gigantesca y “ese arraigo que tienen por sus cosas”
también le eran de impresionar. Les deseo éxito a los que estaban a su lado y su
corazón empezó a latir más fuerte que nunca, ya que empezaba la cuenta regresiva.
Había llegado la hora.
Sintió que partir entre tanta gente era
maravilloso, todos iban con el mismo sueño de conquistar la ciudad de la furia.
Iba todo muy bien planificado: los ritmos y las sensaciones. Al pasar por la
mítica “Bombonera” la pasión por el fútbol le dio una motivación extra a su
carrera.
Llegando a la nombrada av. 9 de Julio
empezó a sentir los efectos del cansancio, pero definitivamente el ingreso a la
autopista fue infernal. Aproximadamente en el km 33 el muro apareció en su
máximo esplendor y el cuádriceps izquierdo avisó con un pequeño atisbo de
calambre. Bajó un poco el ritmo sabiendo que el muro estaba ahí, que eso iba a
costarle un poquito más.
Los que han corrido ese maratón saben
que la autopista es un vía crucis, son aproximadamente 3 o 4 kilómetros donde
no hay un punto de hidratación, donde ves a muchos caer y que viene un vaivén
de subidas y bajadas que te hace pensar que las cuestas sirven mucho, pero que
después de más de 30 kilómetros, te duele hasta el alma.
Al salir de la carretera venía un
odiado paso bajo nivel, donde las puteadas de toda la gente eran claras,
algunas daban risa, otras eran de resignación, pero él iba mentalizado en que ya
había pasado lo peor y eso era nada para todo el esfuerzo anteriormente
realizado.
Quedaba un kilómetro y medio de
carrera, justo el punto exacto donde se había bajado del taxi. Recordó todos
los entrenamientos, penas, alegrías, frustraciones, lesiones, todo ese vendaval
de emociones aparecieron y le cayeron unas lágrimas. Cuando ya le quedaban 800
metros empezó a acelerar, a correr como si no hubiese mañana y al cruzar la
meta se largó a llorar no sin antes sentir que lo había logrado. Se abrazó con
otro deportista al cual había tenido de pacer durante casi toda la carrera, viviendo
ese abrazo como uno de esos que te premian y te reconocen.
Medalla al cuello, hidratación lista,
descanso necesario en la carpa de Adidas, un poco de masajes y partir; le
esperaba un asado y una visita al estadio para disfrutar de la pasión argentina
por el fútbol. El resultado de su carrera fue el deseado, pudiendo sentir que
había conquistado a la ciudad de la furia. Su misión había sido todo un éxito, pero no sin antes recordar los tropiezos que casi le habían hecho abandonar este sueño.
Lo más importante del relato es entender que para Cris romper el muro es “la suma de un montón de sensaciones. Es ir más allá de los límites y demostrar que uno es capaz. Es como ser un rebelde e ir en contra de todas esas barreras que te autoimpones y que quieres saltar”. Yo pienso que es también romper contra todos los que alguna vez te dicen que no podes hacerlo, contra tus propios miedos, contra la incertidumbre intrínseca de nuestra vida. La que nos lleva a correr para encontrarnos o para escaparnos de algo o de alguien. Pero siempre siendo nosotros mismos.
¿Por qué corre Cris? por varias cosas.
Porque es su válvula de escape, su mejor terapia para arrancar de los cuadros
de ansiedad, pero sobre todo, porque día a día se puede superar. Al final, es algo por lo que todos pasamos. Y
ustedes: ¿Por qué corren?
[1] Natalia Gómez del Pozuelo. “Hablar en público con éxito” 2012. Disponible
en: https://nataliagomezdelpozuelo.com/mis-libros-y-ebooks-2/hablar-en-publico-con-exito/
[2] “Por qué corremos “: https://comunicandoconfotos.blogspot.com/2020/05/por-que-corremos.html
[3] Disponible en: https://www.amazon.com/-/es/Sr-Crist%C3%B3bal-Arias-Zamorano/dp/B08D4T8YWF/ref=sr_1_1?__mk_es_US=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&dchild=1&keywords=Rompiendo+el+muro&qid=1603151453&sr=8-1
[4] Canción de
Soda Stereo. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=AVEDgT_lG60



No es una novedad que leyendo tus palabras Yael recorras la vida de un deportista y sientas sus emociones . Gracias totales acompañando está música que llevo a cris a correr por sus sueños a pesar de todos los obstáculos .
ResponderBorrarAsí es “gracias totales” a vos por siempre sentir esa emoción que el relato te transmite ❤️ Abrazo!
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