El deporte como forma de vida


La historia de Alan

         “Los deportes tienen el poder de cambiar el mundo.  El deporte tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a la gente como pocas cosas lo tienen. Puede crear esperanza donde alguna vez hubo solo desesperanza. Es más poderoso que el gobierno para romper barreras raciales”. [1] 


Me gustaría reflexionar acerca del deporte como forma, pasión y estilo de vida. Esta es la historia de Alan, un atleta de alto rendimiento, que con sus 27 años, se acercó a mí, a partir del relato que escribí sobre “Por qué corremos”[2] y quiso que yo contara su historia de vida.

Alan tiene una historia de superación de logros deportivos frente a las adversidades, pero es también una persona a la cual la solidaridad y las buenas acciones, dieron un marco esencial en su vida. No se queda simplemente con las alegrías o decepciones deportivas, sino que busca agregarle a sus días un sentido solidario y pedagógico del deporte, devolviendo sus conocimientos y saberes, a quienes más lo necesitan.

Cómo empieza a formarse un atleta desde su niñez -es lo que le pregunté-, para entender un poco sus pasos dentro de este deporte tan lindo como es el atletismo, vinculado hace tiempo con el running. Alan me cuenta que empezó a correr porque siempre sintió amor por los deportes, pasando desde la natación hasta el tenis o el golf. Pero claro, en una familia de un origen de clase media baja, esos deportes eran casi inaccesibles por sus costos. Deportes asociados a clases sociales, que no podían ser materializados por falta de recursos económicos. Entonces, fue ahí, en la plaza de su barrio, donde encontró el amor por el atletismo. Tenía 10 años, venía de jugar al futbol, pero a su madre ese ámbito no la convencía. En la plaza encontró a su alrededor chicos jugando, a un entrenador apasionante y un deporte en el cual sólo necesitaba unas zapatillitas para comenzar, porque todo era desafiante. Esa “escuelita de atletismo” le llamó la atención y marcó su vida, en adelante.

Con los años entendió que esa iniciación al deporte era esencial en la vida de los niños, y que debía estar también asociada a políticas implementadas por los gobiernos, para inculcar y fomentar los valores del deporte como forma de vida. No sólo entendía el valor de su madre por incentivarlo, sino que el deporte debía ser parte de la formación de los niños, para crecer en armonía.

Alan pasó su infancia y adolescencia entrenando, dedicando su vida al deporte. A los 14 años su padre lo anotó en una carrera muy importante, fue ahí donde ganó en los 3000 metros de su categoría dentro del marco de la Maratón de Buenos Aires. Por ese triunfo consiguió una beca en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD), que marcarían su carrera e iniciación deportiva como atleta de alto rendimiento. Los recuerdos de ese primer día, de recorrer los senderos del CENARD, viviendo sensaciones nuevas, sintiéndose un “gran atleta” y acompañado de su padre, afloran en las palabras de Alan y me hacen emocionar. Su padre, sin dudas, era su apoyo incondicional.

Así fue como se incorporó a “Los Ñandues” como deportista federado, para poder competir y dar todo de él en cada entrenamiento, en cada competencia, sabiendo que sus padres esperaban lo mejor para que cumpliera sus sueños. Ese mismo año, hizo realidad una parte de esos sueños, se consagró campeón nacional. Pero la vida, también le demostraba que no todo era alegría, que debía enfrentarse a las adversidades y fortalecer su corazón, para no dejarse caer frente a la triste noticia… a su padre le diagnosticaban un cáncer, con un tumor cerebral y le daban un año de vida.

Sintió que una  parte de su vida se caía, que las presiones y el estrés familiar asomarían y sobre todo se preguntaba como continuaría su carrera deportiva. Alan fue testigo de los avisos y síntomas que su padre sufría, cuando no comprendía por qué su cerebro no le respondía. Sintió la necesidad y el amor de acompañarlo al neurólogo y así comenzaba una etapa de médicos y terapias.

Su mundo se derrumbaba. Cómo no imaginar el efecto de esto en un adolescente, que dedica su vida al deporte? Un atleta que está en plena etapa de competencia y formación, de desafíos a cumplir, objetivos y metas. Sin embargo, Alan corría y pensaba en su papá, porque sentía que quería darle buenas noticias, quería aliviarle el dolor y que sintiera orgullo por su hijo. Finalmente, con el tiempo falleció, pero pudo disfrutar, de acompañar algunos grandes momentos y de compartir.  Alan siguió corriendo y compitiendo con buenas marcas, sentía la fortaleza de su padre a cada paso que daba. Recuerda cuando se estampó una remera con una dedicatoria y la cara de él, que pudo mostrar cuando ganó una de sus carreras. Hoy lo siente aún en cada competencia, le agradece a él y a la vida, y le pide que lo cuide en cada decisión elegida.
                                                         

Concuerdo con Alan en el deporte como forma de vida, porque sin dudas, a los dos nos cambió la vida. La posibilidad de conocer gente tan linda, de compartir estas historias de vida, que nos conectan, que nos acercan, que permiten que las personas abran sus corazones y toda su energía, así como Alan hizo conmigo y con los amigos que el deporte le puso en su vida. Pudo viajar por todo el país, conocer distintas ciudades, distintos atletas y personalidades. Compitió en el Nacional de Pista y en el Nacional de Cross, inclusive hasta el día de hoy. Lleva doce años como atleta de alto rendimiento, y a mí eso me llena de orgullo, porque es una de las personas más humildes y comprometidas que conocí en este deporte.

En este camino de conocer gente comprometida, apasionada y solidaria llegó a la vida de Alan la posibilidad de encontrar a una persona con una luz diferente, con una historia tremenda de vida. Un referente olímpico argentino llamado Braian Toledo[3], con el pudo trabajar unos meses y forjar una amistad. Ambos respaldaban a una escuelita de iniciación deportiva, como esa misma escuela a la que Alan había acudido de niño y sabía el sentido que le daba a su vida. Braian se encargaba de captar talentos, de sacar lo mejor de los niños. Les contaba su historia de superación, les inculcaba los valores del deporte. Daba charlas, consejos y Alan lo compartía, lo seguía, lo asistía. De este amigo aprendió a vincularse y a realizar acciones solidarias, a brindar ayuda desmedida, a entregar hasta lo que a veces, le cuesta ganar en su propia vida. Entendió que necesitaba también esto, ayudar, ser solidario. Se anotó en su municipio, el de Malvinas Argentinas, para ser voluntario, para ir a comedores, a escuelas, para ayudar a la gente y devolver, eso mismo que el deporte le había aportado a su vida.

                                            
                                           
En el camino de Alan apareció la vocación por la docencia, porque yo también entiendo y reconozco que no hay nada más lindo y enriquecedor que formar personas en lo que uno sabe, el recibir y compartir conocimientos. Entonces, decidió estudiar el Profesorado de Educación Física, también formarse como Entrenador de Atletismo. Fundó su propio grupo de entrenamiento: ADN+, el cual lleva más de 6 años junto a otro colega amigo. Fue así como lo conocí siendo profesor del grupo de entrenamiento Adidas Runners Buenos Aires. Alan llegó a ser couch porque era un atleta sponsoreado por Adidas, y porque su labor deportiva era conocida en el ambiente deportivo. Tenía amigos también atletas que se incorporaban a este nuevo desafío que era sumar a la gente a esta nueva comunidad de runners, la misma que marcó mis comienzos en el running. De él aprendí mucho, pero lo mejor era su humor y su predisposición, que sobresalían.

Durante todos estos años Alan continuó su carrera deportiva con el sacrificio de mantener la conducta en cuidar la alimentación, en respetar los descansos y en hacer lo que el entrenador le planificaba, pero debía combinar todo eso con las responsabilidades, porque nacía su hijo y debía trabajar para alimentar a su familia. ¿Cómo hace un atleta de alto rendimiento para sostener esas responsabilidades? ¿Cómo hace para seguir siendo competitivo y aspirar aún a cumplir metas, sueños y objetivos?  Es un ejercicio constante que los atletas deben aprender. No obstante, Alan tuvo en el 2018 un año lleno de logros deportivos: consiguió ser Subcampeón Nacional en los 5000 mts; Subcampeón Metropolitano de 5000 y 10000 en pista; Subcampeón Metropolitano de ruta 10 km en pista y el tercer puesto en las tradicionales Fiestas Mayas en 10 km y Campeón Nacional Universitario en 5000 mts. Así tuvo varios años con éxitos y fracasos, como cualquier deportista.


¿Qué más puedo agregar de la historia de vida de Alan? Sin dudas, lo más importante. Que es una persona solidaria, que trabaja con una Asociación Civil  llamada Tiflonexos, donde formó un grupo de running para personas ciegas y con baja visión, donde pudo experimentar una experiencia nueva y diferente en su vida. Acompañó a sus alumnos en las carreras y hasta aprendió una nueva actividad para ciegos, el Tandem, un tipo de bicicleta especial, donde los empezó a entrenar. Consiguió donaciones de bicis, pero durante la Pandemia, al igual que todos, sintió que debía hacer algo más por sus alumnos, así que comenzó a dar clases de esta actividad por la plataforma virtual Zoom. Hoy puede agradecer la cantidad de alumnos que tiene.

Para finalizar, Alan es un atleta que deja todo al entrenar, que ama el deporte como forma de vida, que siente la necesidad de competir y mejorar. Pero también le gusta hacer beneficencia, trabajar con personas con capacidades diferentes, que no se limitan, que siguen para adelante, que lo potencian y le llenan el alma. Entiendo que las adversidades por las que pasa un atleta en su carrera deportiva, como las cosas que pasaron en el camino de Alan fueron las que marcaron su vida. Y cuando le pregunto cómo imagina su futuro deportivo, sueña con terminar su carrera con un Juego Olímpico, un Panamericano o un Sudamericano. Pero lo que más necesita es el apoyo de su familia, de sus amigos, de su hijo, pero no puede dejar de lado el factor económico que hace que la vida de este tipo de deportistas sea siempre sacrificada. Necesita de sponsors, para poder entrenar duro en el norte argentino, en la altura. Aspira a que su preocupación sea sólo el deporte,  entiende que eso mejoraría su rendimiento deportivo, porque sabe que su constancia, su conducta, su fuerza y su perseverancia lo llevaron al lugar en el que está, en el que no puede dejar de agradecer a su padre, a su madre y a su entrenador, a los que lo ayudaron a cumplir sueños, a vivir e ilusionarse cada día, porque entiende al deporte como su forma de vida.







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