Diarios de Cuarentena
“El virus no discrimina.
Podríamos decir que nos trata por igual, nos pone igualmente en riesgo de
enfermar, perder a alguien cercano y vivir en un mundo de inminente amenaza.
Por cierto, se mueve y ataca, el virus demuestra que la comunidad humana es igualmente
frágil. Al mismo tiempo, sin embargo, la incapacidad de algunos estados o
regiones para prepararse con anticipación, el refuerzo de las políticas
nacionales, el cierre de las fronteras y la llegada de empresarios ansiosos por
capitalizar el sufrimiento global, todos dan testimonio de la rapidez con la
que la desigualdad radical, que incluye el nacionalismo, la supremacía blanca,
la violencia contra las mujeres, las personas queer y trans, y la explotación
capitalista encuentran formas de reproducir y fortalecer su poderes dentro de
las zonas pandémicas. Esto no debería sorprendernos.”[1]
Hoy les quiero contar mi historia sobre un día
diferente dentro de mi Cuarentena. Después de 42 días viví la experiencia de
salir de mi casa. Tuve sentimientos encontrados… “miedo vs libertad”. Por un
lado el “yo=miedo” que me decía que ahí afuera estaba el virus, que tenía que
quedarme en casa y que debía cuidarme.
Por otro lado estaba el “yo=libertad” que me decía que
aprovechara el aquí y el ahora de poder salir. Pero salir para qué? Salir
porque debes cumplir con tu trabajo que se basa en garantizar los derechos de
otras personas: “el derecho a la identidad”, menuda responsabilidad para los
tiempos que nos apremian. Salir cuando tu función es dar lo mejor de vos para
que otros aprendan el valor de identificar a personas. Así que tomé el valor que
el “yo=libertad”me ofrecía y salí a
enfrentar el día.
No salí sola, salí con el protocolo de seguridad que
el “yo=miedo” había preparado. Consistía en caminar hasta el trabajo, tratando
de no cruzar a nadie, caminar zigzagueando, esquivando a ese otro, que de
alguna manera, era posible portador del virus y, por supuesto, al llegar
desinfectar todo. Pero lo más importante siempre era… no tocarme la cara…
Que difícil tarea, porque cuando llevas lentes de sol más barbijo es imposible
que tu mente no te diga que queres rascarte. Así que había que controlar a la
mente para no tocarme.
Salí con tiempo por si me paraba la policía, yo en
definitiva, ya había cumplido mi parte y tenía mi certificado para circular con
la excepción habilitante durante esos días, y así de esa manera, iba a poder
caminar tranquila. Ese tiempo me permitió recorrer la ciudad, mi ciudad, desde
otra perspectiva.
El “yo=libertad” celebraba el estar al aire libre,
sentir la brisa del viento en la cara, escuchar a los pájaros (que pocas veces
se escuchan en la ciudad) y observar las veredas limpias. Celebraba el no
cruzar a la gente que se desespera por salir a comprar, a gastar, a los
bancos y a mirar vidrieras, a gastar y
gastar sus energías de manera impulsiva.
Sentí la ciudad más linda. La verdad es que me gusta
la ciudad cuando está tranquila. Me gusta por las mañanas cuando salgo a correr
y entrenar o por las noches cuando el silencio y las luces se apoderan del
vacío y construyen la sensación de soledad, en demasía.
Al “yo=miedo” le molestaba los fumadores que se le
arremetían, los observaba sin sus barbijos, sin tapabocas, sin energía, ya que siempre
en general me molestan, porque claro está, soy deportista, y eso me ofendería.
Pensaba también, que pasaría con toda la gente que vive en situación de calle,
sin desinfectarse, a la intemperie, incluso, a veces, sin comida, y estos
pensamientos me angustiarían. También pensaba en los médicos, el personal de salud, o de comercios, los
verdaderos protagonistas, aquellos que ponen el cuerpo en carne viva.
El “yo=libertad” quería agradecer el estar viva, el
tener salud, el poder respirar, el poder caminar por parques vacíos, y el ver
volar en otoño las hojas amarillas desteñidas.
Al llegar al trabajo tenía que respetar el protocolo
que el “yo=miedo” había generado. Sin embargo, tenía un gran desafío… ¿Cómo
adaptar la pedagogía en tiempos de cuarentena? ¿Cómo fortalecer el vínculo del
alumno y el maestro cuando el aislamiento social está a la orden del día?
Enseñar con barbijo era para mí algo imposible de realizar. Aprendí a comunicar
con mi voz, con mis gestos, con mis posturas y eso no podía verse afectado por
la pandemia colectiva.
De todas maneras, sabía que el “yo=miedo” me cuidaría.
Debía mantener la distancia social, pero transmitiendo tranquilidad continúa. Quería
dejarlo todo, quería que reflexionaran sobre esta vida. Quería agradecerles por
haber asistido, por haber viajado durante la pandemia, ya que venían de muy
lejos superando las expectativas. Que se sintieran contenidos y que amaran el trabajo desde el primer día. Fueron varias
e intensas horas, donde sin dudas, faltó el abrazo de despedida.
Finalmente nos despedimos, mientas la lluvia
acontecía. Intente reflexionar a ver si entendía, si efectivamente ellos
habrían sentido miedo, incertidumbre, ansiedad…todos estos sentimientos que se
repiten día a día. Estaban a punto de comenzar una nueva tarea, nuevos
aprendizajes, nuevas vivencias, nuevas experiencias, mucho más comprometidas. Volví
a mi casa caminando sintiendo que era una especie de zombie que deambulaba en
una ciudad vacía.
El “yo=miedo” obligó a activar nuevamente el protocolo
de limpieza, debía mantener la casa desinfectada, aunque oliera a lavandina.
Luego de lavar mi ropa y tomar una ducha bien caliente, pude sentir la
relajación después de haber vivido la presión de todo el día.
El “yo=libertad” quedaría en modo dormida, porque
empezaba la reflexión del próximo día. Seguir adaptando la pedagogía, seguir en
contacto con los alumnos por diferentes vías, y repensar constantemente ¿Cómo
continuar viviendo el día a día y con que nuevos desafíos me encontraría?
Finalmente, que diría mi mente, que me quede sin dudar,
con el “yo=libertad”. Que todos los miedos se superarían. Que debía transmitir
y sentir la tranquilidad de que vamos a pasar este confinamiento de una manera positiva.
Aunque nos enfrentáramos con incertidumbres, con miedos, con ansiedad, con un
tiempo que nos apremia. Ese tiempo que nos desacomoda y nos hace reflexionar
acerca de cuáles serán las oportunidades que se nos presenten a futuro, de
tomar al tiempo como un poder pensar qué es lo que queremos para nuestras
vidas.
El tiempo como posibilidad de algo, de mejorar, de
cambiar y de aprender cosas que veníamos olvidando. Que la libertad es la
expresión de autonomía, de cuerpos y mentes que deben tratar de mantenerse
activos, sanos, saludables, para que sea nuestro motor de vida.
Creo que es un camino largo por recorrer donde paso a
paso iremos viendo que le pasa a la raza humana con estas consignas nuevas de
vida. Entender que ya no necesitas más nada que lo primordial y esencial en tu
vida.
Vive para sentir que cada día vale la
pena. Vive para entender cuál es tu paso en esta vida. Vive para descubrir aquello que no
conocías, o simplemente vive para pasar estos días.
[1]
De la columna Capitalism
Has its Limits, en Verso. (Original en inglés). Traducción en La
Vaca. Disponible en: https://www.lavaca.org/notas/el-capitalismo-tiene-sus-limites-la-mirada-de-judith-butler-sobre-el-coronavirus/
Te felicito, excelente reflexión!! Un fuerte abrazo👏👏👏❤
ResponderBorrarGracias!!! :)
BorrarGenial Yael....que bien relatado..ese yo miedo, yo libertad que sentimos todos que dificil buscar el equilibrio..
ResponderBorrarAsí es! Todo un desafío! Gracias!! :)
BorrarSin dudas me quedo con esta frase "El tiempo como posibilidad de algo.." netamente una oportunidad; una elección...
ResponderBorrarFestejo gratamente este cambio personal, atenta al tu yo-libertad; mucho más reflexiva.. más observadora... turista de una realidad superflua que nos sobrepasa a tod@s..
Me encantantaron las fotos! seguí recortando pedazos de este contexto en que transitamos!
Muchas gracias por tu comentario! Sin dudas, el tiempo como una nueva oportunidad. :)
BorrarMuy interesante, esto es lo que sentiremos muchos el día que salgamos por primera vez, un cambio total en la forma de vida que tuvimos hasta ahora. Esperemos que la ciencia avance para conseguir un solución a esta pandemia, pero también tengo la esperanza de que cambiemos en algo, como vos pienso que debemos mejorar y este es el momento de mirarnos un poco por dentro.
ResponderBorrarMuchas gracias por tu comentario!! Yo también espero que con todo esto cambiemos y mejoremos como personas y como sociedad. También creo que es un gran momento para reflexionar, y como decis vos, mirarnos por dentro. Abrazo!!! :)
BorrarExcelente Yae! Creo que lograste transmitir lo que casi todxs lxs trabajadorxs esenciales sienten por estos días. Y por ahí tmb la dificultad de exteriorizar esa ambigüedad de la rutina y lo nuevo, que en muchos aspectos, en costumbres o hábitos, vino para quedarse. Resalto de la conclusión el poder ver al tiempo como posibilidad, puesto que esta situación nos demuestra que muchas veces decimos que no hacemos cosas por falta de tiempo, pero que al tener ese tiempo tmp lo hacemos y nos damos cuentas que son imposiciones sociales que debemos desechar, pues la felicidad, entendido como fin, esta en ser auténticos siendo conscientes de que lo somos.
ResponderBorrarQue hermosas palabras ❤️ Creo que si no podemos ver este tiempo como posibilidad o para intentar mejorar como sociedad y como personas entonces no aprendimos nada. Te abrazo a la distancia 🙌🏼
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